Liderar desde el alma

Darth vader abraza a un stormtrooper

Hace unas fechas, una colega me propuso la creación conjunta (co-creación, diríamos en el metalenguaje de los emprendedores de nuevo cuño) de un producto formativo destinado a empresas, donde el objetivo principal fuera el dar forma y contenido práctico para su difusión y enseñanza, a un concepto que, decía, estaba teniendo cierto calado en algunas universidades americanas de reconocida fama y prestigio.

Confieso que en un primer momento asimilé el citado concepto (líder con alma), a otro por mi bastante conocido, y que se maneja últimamente con cierta profusión (y añado, también cierta ligereza), que es el de líder coach. Pero una vez que he empezado a investigar para reunir documentación previa, me he encontrado con que no son iguales.

Pueden ser desde luego complementarios, pero el concepto de líder con alma (o más concretamente y me parece importante el matiz que voy a introducir, del líder desde el alma), es todavía más profundo, mas esencial  y me atrevería a decir que de aplicación mucho más necesaria, al menos en cuanto a alcanzar un doble objetivo:  Primero, introducir un factor que creo que es básico para solucionar los graves problemas que hoy vivimos en el devenir diario de las empresas (y por extensión en cualquier centro de poder del que emanen decisiones que impliquen a las personas) y segundo,  enmarcar la definición de un liderazgo futuro mucho mas inspirador e influyente, hacía el bien común de la empresa y por extensión de la sociedad.

El punto de partida es tan simple como perturbador. Durante muchos años atrás, las empresas han centrado su gestión en los resultados, basándose en la parte más “mental” o racional.  Este hecho ha generado organizaciones rígidamente competitivas, centradas fríamente en las cuentas de resultados y apartadas completamente de las necesidades de quienes en el fondo las integran: las personas.

John Snow tiene el poder, juego de tronos, y un lobo

Con las sucesivas crisis, se ha agudizado el uso éste tipo de liderazgo basado en la competitividad y en la creencia que “en tiempos difíciles, todo vale”. Con ello, el concepto de líder se ha ido corrompiendo (a veces, no solo el concepto) y en un sinfín de las ocasiones  hemos visto que el soporte principal de los mismos (formado por sus colaboradores, las personas que deben transformar la influencia del líder en energía que mueva la empresa), se ha corroído, ha quebrado y ha caído, arrastrando al propio líder y también, muchas veces,  a la propia empresa.  

Ésta incluso ha adquirido tics del convulso panorama del liderazgo político, donde la esencia y el propósito  del liderazgo ya hacían tiempo que se había pervertido. Para mí esto es síntoma de una auténtica crisis del concepto “liderazgo” mayoritariamente vigente en la actualidad. De la desviación y en muchos casos pérdida completa de los valores que lo han definido.  A nivel de la calle, hay una inquietante idea que comienza a calar“No hay líderes que nos lleven a salir de donde estamos”,  y esa idea empieza a tomar cuerpo también en muchas empresas, ante la falta de soluciones para corregir el rumbo.

Si quieres resultados distintos, no hagas las mismas cosas. Olvidamos frecuentemente el lúcido comentario de Albert Einstein, hecho desde el cuestionamiento de lo establecido, científicamente hablando,  en esa época. Un físico desafiando todos los modelos de la física clásica en esa época, simplemente partiendo de una premisa  ¿Y si nos estamos equivocando en el modelo que tomamos como base de todo lo que existe?

Albert Einstein

Algo de eso puede que haya. El líder tiene que tomar decisiones que lógicamente afectan a sus colaboradores y por consiguiente a la empresa, que no lo olvidemos, existe mediante ellos ¿Y si nos estamos equivocando basando esas decisiones en lo mental, en los cánones de lo establecido, en los fríos números, en los resultados, obviando el resto?  ¿En qué grado afecta eso a los colaboradores?  (Y sí. Esta última es una pregunta retórica).

¿Y si pensáramos diferente y empezáramos a  implantar en las empresas un modelo distinto de influir en las personas (de tal manera que puedan llevar a cabo los cambios que se requieren con el compromiso necesario)? ¿Por qué no tomar decisiones basándonos en lo que realmente mueve a nuestros colaboradores hacia el logro? Obviamente la retribución justa y las debidas garantías laborales son básicas, pero por si solas no garantizan el compromiso, el mejor desempeño (eso que el Doctor Ángel Cabrera, autoridad en la materia, define como “recorrer la milla extra”),  si el modelo de liderazgo es el de siempre.

Cubiertas esas premisas, ¿por qué entonces no conectar con los colaboradores, con los seguidores, a través de sus sueños, sus valores, sus pasiones o su deseo de contribución,  por poner unos pocos ejemplos? Conociendo y llamando a aquello que engrandece y da luz a su espíritu, lo que alimenta su energía para crear, para crecer y apoyarse en el equipo. Trabajando desde la conexión con el corazón de los demás, con lo interior. Y eso solo puede hacerse a su vez desde el interior. Desde aquel arquetipo que denominamos alma.   

Imaginación

Los líderes desde el alma son expertos en unir el corazón y la cabeza. Sus decisiones se guían por la búsqueda de la autenticidad, siendo ésta no una mera figura retórica sino, en palabras de Jamelle Sanders, autor de Chosen: The Shifting of 21st Century Leadership, “Una elección que crea el clima de una organización, que lejos de ser opcional, debe ser demandada a los líderes del siglo XXI” y por otra cualidad muy rara en nuestro tiempo, la sabiduría, sin entender esta como una acumulación de información que podemos llegar a conocer o inclusive a dominar, sino en asumir que a veces simplemente tenemos que hacer lo que es correcto. La sabiduría, en palabras de Sanders “no reside en la cabeza. Reside en el corazón y se alimenta de nuestras experiencias”.  En esencia, estos líderes saben que en todo lo que busquen deben cerciorarse que encuentran esa sabiduría.

Hay mucho que hacer en este camino, pero podemos estar seguros de una cosa: Si queremos cambiar las cosas, debemos cambiar también el modelo del liderazgo. La otra alternativa es seguir asistiendo al drama de la descomposición de las empresas y por extensión, de la sociedad.

En cualquier caso, parece claro que hay que asumir el riesgo de pensar de diferente manera ¿no?.

(Actualización del 24/6/2015 : La colega a la que me refiero en el primer párrafo es Silvia Rincón Alonso, experta en imagen, marketing personal y coach certificada, con la que tengo el gusto de colaborar en mi actividad como formador ) 

José Barroso @josebarroso

Thursday, June 18, 2015 - 12:30pm