¿De verdad eso es liderazgo?

Líderes

En los últimos dos años, he estado trabajando dentro de un programa de liderazgo para capacitar a mandos intermedios de un importante operador logístico, líder a su vez en este país, que está ejecutando una profunda transformación de su estrategia y su estructura y ha conseguido mantener intacta su influencia de marca, ganando cuota de mercado progresivamente e incluso consiguiendo expandirse no solo a nivel nacional, sino internacional.

Esa experiencia, unida a las del trabajo similar con muchos directivos de otras empresas, que desean desarrollar su capacidad de gestionar personas con eficacia, a través de reforzar su competencia del liderazgo, me ha permitido descubrir que hay muchos clichés sobre el termino en la mente de muchas personas, depositados a lo largo de cursos, lecturas o el uso indiscriminado de Google, que pueden estar muy bien para dar cierto lustre a formaciones generalistas “todoterreno”, ponencias para auditorios poco exigentes o incluso frases hechas que quedan bastante bien en redes sociales, pero que no tienen demasiado peso en la realidad del día a día de la persona que debe dirigir un equipo de colaboradores y llevarlos a dar lo máximo de ellos mismos. Un extremo que he comprobado solo puede llevarse a cabo, cuando se obtiene de ese equipo de colaboradores un grado muy elevado de compromiso, lealtad y por qué no decirlo, se consigue infundir ganas de trabajar.

Y eso (lamento decirlo) no puede llevarse a cabo simplemente intentando conseguir ser una mezcla entre Martin Luther King, la Madre Teresa, el rey Salomón, unas gotas de Sócrates y otras de Gandhi, tal y como parece que se desprende del nuevo pensamiento de muchos teóricos del liderazgo. A ver entonces cómo se las apaña un líder que, para salvar al conjunto del equipo que sí se esfuerza y tiene ese grado de compromiso y lealtad,  tiene que emprender acciones correctivas, incluso a veces definitivas, contra una persona integrante del mismo que “no quiere” ser liderada y que puede llegar a contaminar al resto, o al menos minar la moral de una forma que todo ese trabajo colectivo se vaya a "hacer gárgaras".

Aceptando que pueda ser, en el campo del concepto, bueno que un líder consiga integrar lo mejor de las personalidades antes citadas, se nos olvida decir muy frecuentemente (y a veces ante grandes auditorios que se ven fuertemente influenciados por todo lo que huela a “nuevas formas”),  que la negociación o el diálogo, las preguntas o la escucha activa, simplemente no sirven con quien no quiere negociar, dialogar o conversar.

Conozco a personas, directivos y jefes de equipo, tremendamente angustiadas porque les han comunicado en algún seminario que un líder no debe ni puede tomar ningún tipo de acción que contemple el reprender coercitivamente a un miembro del equipo, aunque éste se haya empeñado en sabotearlo desde dentro. Que todo debe resolverse con diálogo einteligencia emocional. La realidad dice que hay quien se ha instalado, por los motivos  que fueren, en esa deriva del sabotaje interno y en consecuencia, no atiende a ningún tipo de diálogo comprensivo, a pregunta poderosa, gestión emocional o a esfuerzo alguno por empoderarlo o motivarlo. De igual manera que no se puede hacer coaching o enseñar matemáticas a quien no quiere, tampoco se puede influir, por muy comportamiento de líder que se tenga, a quien no se deja y encima está empeñado en que el líder fracase.

¿Es entonces políticamente incorrecto decir, en un foro público o en una actividad formativa, que un líder debe ser coercitivo cuando HAY que serlo? ¿Es una barbaridad sugerir que, agotadas todas las vías de diálogo, debería dar un “puñetazo en la mesa” cuando hay que darlo? ¿Puede ser que suene a “carca” el plantear que, por encima de las virtudes casi angelicales, sin tacha, nobles y entregadas a la causa que parece que deben de tener ahora los modernos líderes, está la realidad actual de la empresa, el asegurar el funcionamiento del equipo para alcanzar los objetivos que se han marcado? En serio, ¿decir esto queda mal en una conferencia, en un curso o en un blog?

¿Por qué tampoco, cuando hablamos del liderazgo en la empresa, no se indica que para ser percibido como líder en ese entorno, no basta solo con ejercer los cánones del liderazgo, sino que también hay que obtener resultados? Y utilizo “percibido” porque también, muy frecuentemente, se nos olvida decir que el liderazgo es una cualidad que no es propia e intrínseca a nadie,  sino que es otorgada por la percepción de los demás. Es más, yo he visto atribuirse sin rubor a algunas personas esa condición. Obviamente quedan "ojopláticas" cuando les preguntas si esa opinión procede del feedback ajeno o de ellos mismos.

Matriz liderazgo resultados

Esta matriz, que un día me mostró mi admirada Marta Williams, lo deja bien claro. Arriba a la izquierda está el anti-líder, el “Jefe”, peyorativamente hablando, que logra resultados en base a "sembrar el terror", pero no tiene capacidad de liderazgo alguno. Parece claro que cuando tenga la necesidad de obtener un gramo más de esfuerzo de sus colaboradores para mantenerlos, seguramente no lo conseguirá y se desplomará hacia abajo, a la categoría ALPC (*) (abajo-izquierda). Desde el otro lado, personas que poseen las cualidades que muchos indican para ejercer como líderes, es decir, influencia, carisma, capacidad de diálogo, abnegación, compromiso, habilidad para facilitar y otras, pero no obtienen resultados, en la empresa podrán ser gente querida, que se pueda potenciar, pero no admirada ni respetada. Dependiendo del tiempo que estén sin obtener esos resultados, también serán candidatos a ser desplazados a la categoría ALPC (*) de la izquierda. 

Si se acepta comúnmente, y así se predica, que un líder debe ser fundamentalmente coherente, seámoslo también los que nos dedicamos a la formación y a la divulgación, a la hora de poner nuestros conocimientos al servicio de alguien y mostrémosle también el lado menos bonito de lo que supone dirigir un grupo humano. Hagamos ver lo que se exige en una empresa real para que se pueda ejercer el liderazgo con garantías reales. Las dos partes son necesarias para construir ese líder que estamos buscando y quizá estemos propugnando una idea demasiado idílica acerca del mismo.

Coherencia y responsabilidad, por favor. Creo que no hace falta decir que necesitamos líderes, tanto en la empresa como en la vida.  Y creo sinceramente que el concepto sobre lo que deben ser, está a años luz del arquetipo tan tristemente célebre del directivo sin escrúpulos. Pero no nos vayamos a Los mundos de Yupi. Seamos más rigurosos con lo que decimos delante de los que desean aprender de nosotros y haremos un enorme favor a quienes tienen ahora y van a tener más adelante, la responsabilidad de llevar sus equipos hacia los objetivos marcados y, en definitiva, a sacar sus empresas adelante.

Que, en definitiva también, es donde queremos ayudar y estar.

 

(*): ALPC es un acrónimo de “A La Puñetera Calle”. Marta Williams es genial hasta para eso.

 

José Barroso @josebarroso

Viernes, 14 Noviembre, 2014 - 09:15